La banalidad del mal.

Publicado: 17 abril, 2009 en Sin categoría
La grandísima mayoría de las personas que practican el mal no lo hacen conscientemente. Eso lo vuelve si cabe más inquietante. Es más, no quieren ser conscientes de ello pues en algunos casos les acosaría su mala conciencia. Se comienza con muy poco, dejando pasar algo en apariencia insignificante, y más tarde se llega al extremo de la mayor crueldad (que es uno de las consecuencias más nefastas de la maldad) sin darse ni siquiera demasiada cuenta. Dejarse arrastrar es una forma encubierta de maldad, o más bien de germen de maldad. Por último al malvado pasivo sólo le queda relativizar esa maldad para intentar quitarle peso. Pero el que la sufre sabe que esa maldad no es nada relativa.
Nadie parece que vio nada en Auschwitz salvo los que estaban dentro del campo de exterminio. Nadie parece que vio nada en la Argentina en los setenta salvo los que estaban siendo torturados o arrojados desde aviones al mar. Nadie ve nada si no quiere verlo o si la mayoría no quiere verlo, esa mayoría que es mala por inercia. Porque es demasiado fácil ser malo por inercia, lo difícil en esas situaciones es no serlo.  
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