EL TREN DE MI VIDA.

Publicado: 11 mayo, 2009 en Sin categoría
Subí a este tren involuntariamente pero no sé si bajaré de la misma forma, como todo el mundo. Al principio iba muchísimo más despacio pero ahora su velocidad me aterra.  De éste mi viaje de ninguna parte al mismo sitio, del que nunca se baja igual de cuando se sube salvo que  sea corto, sólo conozco a dos personas que me han acompañado durante todo el trayecto que llevo recorrido, y a una de ellas le va quedando poco para su última estación.  La otra, casi siempre ha estado en otros vagones, es decir bastante alejada, pero tanto por sus motivos como por los míos. Algunos se han subido para luego cambiarse de vagón y a esos tal vez los vuelva a ver si regresan alguna vez al mío, los otros, los que se han bajado voluntaria o involuntariamente en su estación, ya jamás.  Últimamente me escriben también de otros vagones a veces gente que ni conozco físicamente gracias a esto de Internet, o gente que de vez en cuando visita el mío y hasta se sienta al lado. Los que se me sientan al lado pocas veces dejan de estar en movimiento; en mi vagón el movimiento es lo que prima. Gente que  cambia de vagón, gente que se baja para siempre, gente que se me acerca o aleja, gente que me quiere, o dice quererme que es bien distinto, gente que me odia a veces sin darles ni siquiera razones. Me cuesta  aceptar que me ocupen el mismo espacio, necesito mi compartimento privado, pero a la vez ardo de deseos de que alguien toque la ventanilla (o lo que fuera) para entrar, si me es persona grata. Mi vagón es amplio unas veces, otras estrecho, y por las ventanas no sé ve nada porque fuera siempre es de noche. Es tan amplio en algunos momentos que hasta se puede viajar dentro con otros vehículos, pero hay otros vagones pues siempre hay otros lugares que están, pero en los que no se puede estar, físicamente.
La música es de lo poco que me alegra el viaje, y envidio en silencio a los que creen que cuando bajen en su última estación se encontrarán en algún paraíso, aunque me da miedo pensar lo que podrían hacer, y hacen, al resto de los viajantes por esa convicción. El arte como búsqueda de belleza a veces me da ciertas dudas de que no sólo el viaje pueda tener sentido sino hasta el mismo tren. Y la psicología me interesó y me interesa para intentar entenderme y entender, igual que la filosofía, pero sigo sin entender ni a los demás ni a mi mismo, no sé si me entienden… Más de una vez he sentido la necesidad de arrojarme del tren en marcha, y como Hamlet dice en su monólogo famoso, lo hubiese hecho sin pensarlo siquiera sino fuera porque no tengo la certeza de que haya algo más que la nada fuera de aquí, y por el dolor que le ocasionaría a una persona que no se lo merece. He visto tantas cosas en mi vagón que casi no las recuerdo todas. Algunas me han afectado, otras me han incluso herido, y otras me han sido indiferentes. A veces siento la responsabilidad del lugar que ocupo como pasajero y considero ese sentimiento importante, pero también me ha producido  una cantidad de dolor que es difícilmente asumible cuando te desborda. El amor ha sido para mi motivo de placeres, pero más de angustias varias. Entre otras cosas porque mi heterosexualidad de la que no me arrepiento a pesar de que no me ha dado  tantas satisfacciones como hubiera o hubiese querido, ha sido tormentosa. Amar y no sentirse correspondido es tan terrible como que la persona que creías tu amante te arroje a un cubo de basura, y yo he tenido las dos experiencias lamentables, la primera más veces que la segunda, pero no por ello más agradable.
A estas alturas de mi viaje, no sabría definirme a mi mismo. Son tantas las opiniones y las actitudes hacia mi persona de otras personas, que tengo dudas de cómo realmente me ven y eso dificulta mi propia visión de mí mismo. Me he sentido repugnante, feo, antipático, carente de toda sensibilidad y tonto, y en otros momentos todo lo contrario. Sólo sé que  lloro en las esquinas, pero río abiertamente, pues no me gusta compartir lo primero, aunque debiera, pues lo hace menos doloroso. Y mientras sigo hacia delante, casi siempre confuso, en un trayecto a veces demasiado atascado, una sombra que siempre me acompañó y antes no me daba tanto frío ni se me parecía tanto con la muerte, me está produciendo mucha melancolía. La sombra se llama soledad.
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comentarios
  1. Lowy dice:

    bonita foto. sientete entendido por un pasajero en el camino….

  2. ananias dice:

    Gracias querido amigo!

  3. sonia dice:

    Ananías, yo leo todos los textos que pones en tu blog…. cómo no iba a hacerlo? Y no te quepa duda que voy siempre sentada a tu lado en el vagón…. aunque tú no lo notes. Para mí, estás siempre presente…. siempre a mi lado, con tu forma tan especial de ver las cosas, y esa mente tan maravillosa que me encandiló. No dudes que, si alguien te llama para decirte que no te pierdas una exposición, o para cualquier otra cosa, es que esa persona está siempre a tu lado!! Vamos todos juntos en este tren que es la vida!

  4. sonia dice:

    …. de todos modos, quizá sea bueno que, en vez de esperar a que alguien visite tu vagón o, más aún, se siente a tu lado, seas tú el que realice incursiones en los vagones donde (seguro, seguro) hay gente deseando que te sientes a su lado!!! Probablemente tú ya lo hagas y te de satisfacción Un besazo

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