MOVILIDAD Y ESPACIO.-TIEMPO.

Publicado: 25 octubre, 2009 en Sensaciones

 El espacio liberado de objetos es un espacio blanco, inerme, indistinguible de otros espacios. Es blanco porque su luz es toda la luz. Inerme porque carece de aristas, de bordes o formas que pueden hundirse o clavarse. Y es indistinguible porque no tiene nada que lo identifique por estar falto de referencias. El tiempo, siempre unido al espacio, no encuentra obstáculo que lo calcule, que lo convierta en cosa; un espacio sin objetos es un espacio también sin tiempo y eso lo tiene claro por ejemplo el budismo Zen que al contrario del ‘’horror vacui” tan occidental,

http://es.wikipedia.org/wiki/Horror_vacui

no sólo no le tiene miedo al vacío sino que lo busca externa e interiormente. Aún así es imposible que desaparezca todo objeto, toda referencia y todo tiempo, al igual que todo espacio. Estamos atrapados en un espacio y un tiempo con espejos; sin espejos, tiempo y espacio no existimos, o más bien no tenemos consciencia de que existimos. En latín ‘’existere’’ quiere decir aparecer, que nos manifestamos en el mundo. Otra cosa es la percepción de ese espacio, de ese tiempo y de nuestra imagen proyectada en los espejos. El otro, o los otros, no son más que algunos de esos espejos. La percepción (sensación interior que resulta de una impresión material hecha en nuestros sentidos) como saben es muy variable y depende de muchos factores internos y externos. Un espacio-tiempo vacío crea imágenes deformadas provocadas por la refracción de la luz en los espejos que es la propiedad que tienen ciertos cristales de duplicar las imágenes de los objetos, ya que no hay obstáculos para la luz. Por ello en los desiertos son posibles los espejismos y en los espacios vacíos, o casi vacíos, la imaginación. En cambio en los espacios saturados de objetos el tiempo se divide en fragmentos, fragmentos de cristal afilados, son como espejos rotos en pedazos. El tiempo convertido en cosa calculable, fragmentable. El tiempo, como la luz, busca seguir su transcurso sin que nada se lo impida, sin estancarse; si se estanca, como el agua que no corre, se llena de microbios, de insectos dañinos y se vuelve pestilente. El auto-móvil es el gran consumidor de tiempo y espacio transformándolo en veneno en forma de humo y ruido. Es el mayor símbolo de la sociedad moderna. En la novela Brave New World (Un mundo feliz) de Aldous Huxley, la era de esa sociedad ficticia del libro se contaba partir del primer Ford T, o sea, el primer coche fabricado en serie para consumo popular. http://es.wikipedia.org/wiki/Ford_T

El primer artificio sin ‘’aura’’ diría Walter Benjamin.

http://www.temakel.com/trbenjaminoarte.htm

El auto- móvil hasta no hace mucho no era tan personal, era familiar o de grupo; era un espacio doméstico en movimiento y compartido. En la actualidad se ha convertido en un espacio interno en movimiento, por no decir de huida, casi vacío (uno por persona), endeble (con materiales caducos y débiles), que busca desesperado aparcamientos. No se sabe ya si el conductor guía a la máquina o si es al revés. Todos los conductores parecen formar parte de ese género literario creado por Jack Keruac con su fantástica novela ‘’On the Road’’ (en la carreterra) y más tarde cinematográfico llamado ‘’Road Movies’’ (pelis de carretera que casi siempre terminan mal). Una buena metáfora social. La multiplicación disparatada de los artilugios móviles, subvencionados por el estado, que además son índices de ¿¿desarrollo??económico, y de todas sus infraestructuras, ha ido a la par del devenir (proceso mediante el cual algo se hace o llega a ser) de los individuos; si se observa el devenir técnico se entiende el devenir social, pero mucho más claramente en el caso del automóvil. Y no sólo el devenir social, sino el individual, pues está hecho para facilitar aún más la creencia en la autonomía, en la libertad, como algo que tiene que ver con una necesidad únicamente personal. Creencia engañosa sin duda pero útil para la sociedad de consumo. Herbert Marcuse lo adelanta ya en los sesenta en su libro casi profético ‘’El hombre Unidimensional’’,

http://www.luventicus.org/articulos/02A027/marcuse.html

donde muestra que el automóvil no es sólo un vehículo en la sociedad postindustrial sino una símbolo de categoría social.

En El hombre unidimensional (1964), su obra más famosa, presenta a la sociedad capitalista “avanzada” como una sociedad en la que el hombre ha perdido su sentido crítico. El consumismo y la “liberación de las costumbres” lo han transforman en un ser cada vez más adaptado e integrado al sistema. Ya no hay espacio para la oposición y la crítica, la sociedad unidimensional “integra en sí toda auténtica oposición y absorbe en su seno cualquier alternativa”. En ella se da “una confortable, tersa, razonable, democrática no libertad”. El capitalismo avanzado ejerce su dominio, su control total, de un modo sutil, manipulando los deseos y las necesidades de las personas. “No sólo determina las ocupaciones, las habilidades y las actitudes socialmente requeridas, sino también las necesidades y las aspiraciones individuales”

La filosofía de esta sociedad unidimensinal es el positivismo, que sirve de base a la racionalidad tecnológica y a la lógica del dominio. Y esta filosofía no tiene rival porque se ha anulado el espacio de la crítica.

Contra las previsiones de Marx, hasta el propio proletariado ha perdido su impronta revolucionaria, seducido por el confort y el consumismo. Por esta razón Marcuse busca otros sujetos revolucionarios, y los encuentra en los extranjeros, los explotados, los desocupados, las minorías, los marginados y los excluidos del sistema. Su sola presencia muestra la necesidad de poner fin a condiciones e instituciones intolerables. De todos modos Marcuse no aclara cómo sería un proceso revolucionario protagonizado por estos actores. Prefiere que su pensamiento permanezcan en la negatividad, en la crítica, unido a “aquellos que, sin esperanza, dieron y dan la vida por el Gran Rechazo”.

(Extraído de Internet del enlace señalado)

 

Pero es que incluso en países subdesarrollados el automóvil es si cabe mayor símbolo de categoría social y de poder. Por eso sus mandatarios, algunos tiranos y corruptos, gustan mucho del Mercedes, y no tanto del Cadillac. El Cadillac sigue siendo lujo artesanal pero no popular, no es un lujo ‘’cercano’’ al pueblo. Existen hasta taxis Mercedes. Ocurre lo mismo que con los aristócratas y los jugadores de futbol. Los primeros si son millonarios son menos ‘’simpáticos’’ socialmente que los millonarios futbolistas, aunque estos últimos sean unos cretinos absolutos.

Se debe aceptar que el espacio debe estar supeditado al automóvil y todo debe estar condicionado para ello. El peatón, cuya denominación la debe a estar subordinado al coche, está en un segundo plano. Casi es el culpable de su atropello aunque no tenga espacio casi para caminar. Camina entre coches o estacionados o en peligroso movimiento. Puede ser insultado impunemente desde ellos (otra forma de atropello), o acosado con música a todo volumen casi siempre terriblemente mala. El conductor que cree que es libre, está metido mientras en su cubículo con ruedas friéndose bajo el sol, esperando  a que termine el colapso circulatorio que adelanta su próximo colapso cardiaco o nervioso. Lanza improperios a todas partes por no lanzárselos a sí mismo. Enrojece de furia y por el embotellamiento no va más rápido que un peatón o un ciclista al que en secreto envidia y por eso acosa. Cree estar en todas partes, o más bien llegar a todas partes, pero en cambio sólo se encuentra en una parte solitario, de la que no sale casi nunca salvo para volverse a encerrar en otras ‘’jaulas’’ sin ruedas.

El que les escribe no tiene automóvil, pero aún así les puedo asegurar que con transporte público y autostop (cada vez más en decadencia y creo que soy de los pocos autoestopistas que quedan) me muevo más, y sobre todo disfruto más de los paisajes, que muchos que tiene dos auto-moviles. Es decir que, paradójicamente, los auto-móviles a veces te mueven menos que el no tenerlos. Entre otras cosas porque caminas más y por ello percibes el espacio de otra forma, pero también por ello el tiempo y los espejos, es decir, a las otras personas. Cambiar los espejos retrovisores por espejos  frentevisores te hace más sabio y máshumano, y como dijera mi querido Spìnoza:

http://es.wikipedia.org/wiki/Baruch_Spinoza

Si el fin de la acción no es la utilidad del mismo agente, sino del que manda, entonces el agente es esclavo e inútil para sí. "

Fragmento del tratado teológico político.

 

 

 

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